jueves, 19 de abril de 2012

EL MUNDO



Oímos muchas veces que hemos de tener que alejarnos del mundo, ponernos paraguas para que no nos moje su lluvia, porque nos puede arrastrar hacia actitudes peligrosas y alejar de nuestro camino hacia Dios. Pero nosotros cuando leemos el evangelio vemos que la actitud del cristiano debe ser la contraria.

Jesús no se alejó del mundo, sino que se metió en medio de él para ser fermento de renovación. Dice Jürgen Moltmann “Cristo no lleva al hombre a la huida religiosa del mundo, sino que lo devuelve a la tierra como su hijo fiel”.

Cuando se produce la transfiguración de Jesús, Pedro está tan bien en ese lugar que le propone hacer tres tiendas para quedarse allí, pero Jesús lo que hace es decirles que deben volver al mundo. Si amamos a Dios hemos de amar al mundo.

En Taizé, que cada año concentra a tanta gente a orar, el lema es “Lucha y contemplación”. Pensamos que ese es el camino: luchar por un mundo mejor, más solidario, más humano, más alegre y a la vez no perder la contemplación, porque sólo amando a Dios podremos amar su obra y viceversa. Por eso para amar a Dios hay que acercarse a Él para intentar conocerlo y eso requiere oración, contemplación.

Metámonos pues en medio del mundo y desde ahí, amando a la gente, conseguiremos la evangelización, con la ayuda de nuestro buen Padre Dios. El Espíritu nos guiará.

Un abrazo

Huellas

1 comentario:

  1. Nosotros los cristianos somos parte de la sociedad, configuramos, con todas las demás personas, el mundo de las personas. ¿Cómo y por qué vamos a alejarnos de donde están los demás? Para qué. En el tema de trabajo de este mes, leemos, de San Agustín: "el amor a Dios es el primero de los mandamientos, pero el amor al prójimo es lo primero para su realización práctica". Bajemos de la nubes, pisemos suelo y metámonos entre la gente. Eso es ser cristianos de verdad.

    ResponderEliminar