sábado, 25 de junio de 2016

SÍGUEME

Hoy Jesús te invita a que le sigas. ¿Quieres hacerlo? Escucha la canción.






SÍGUEME, SIN MIEDO,
SIGUEME, QUE TE QUIERO
SIGUEME, SIGUEME
TOMA TU CRUZ, TUS ALEGRÍAS
TÓMA TU VIDA Y SÍGUEME
SÍGUEME, SÍGUEME
TOMA TU VIDA Y SÍGUIME

Si las dudas son tu cruz ponlas en mí
si los miedos pesan cárgalos en mí
yo seré tu fuerza, un refugio para ti
déjame habitar tu vida, hacerte feliz

SÍGUEME, SIN MIEDO,
SIGUEME, QUE TE QUIERO
SIGUEME, SIGUEME
TOMA TU CRUZ, TUS ALEGRÍAS
TÓMA TU VIDA Y SÍGUEME
SÍGUEME, SÍGUEME
TOMA TU VIDA Y SÍGUIME

Si la sed no te abandona, bebe de mí
deja que sea tu fuente, confía en mí
no es ganar o perder, sino vivir
y encontrar la paz permaneciendo en mí

SÍGUEME, SIN MIEDO,
SIGUEME, QUE TE QUIERO
SIGUEME, SIGUEME
TOMA TU CRUZ, TUS ALEGRÍAS
TÓMA TU VIDA Y SÍGUEME
SÍGUEME, SIGUEME
TOMA TU VIDA Y SÍGUEME
TOMA TU VIDA Y SÍGUEME




Salomé Arricibita

viernes, 24 de junio de 2016

EL AMOR ES DAR





MUCHAS PELÍCULAS NOS PRESENTAN UN AMOR PASAJERO.

EL SILENCIO NOS ABRE AL AMOR DEL CORAZÓN QUE NO PERECE

PORQUE EL AMOR AUTÉNTICO ES DONACIÓN.

NO ESPERA NADA. ES DAR.



jueves, 23 de junio de 2016

JUAN XXIII



Falleció el 3 de junio de 1963

En este mes se cumple los cincuenta y tres años de la muerte de Juan XXIII. Murió en una tarde de junio en la que muchos intuyeron que aquel hombre había abierto la Iglesia del siglo XX a la Modernidad.

Nosotros éramos aún muy jóvenes, pero ya entonces intuíamos que había muerto alguien muy grande. Y no nos equivocábamos. Han pasado los años y siempre parece que su reconocimiento crece más.

Su cara irradiaba esa bondad y misericordia de la que este año el papa Francisco nos habla tanto. Parece su sucesor en esa sonrisa que acoge. Su pontificado fue corto, 4 años, pero  parece inmenso por todo lo que removió y por el concilio que convocó y que aún no se ha puesto totalmente en práctica.

Lo que más nos asombra es su capacidad de leer los signos de los tiempos, algo que posteriormente ha costado tanto a la Iglesia y que aún en ciertos temas le sigue costando.

La primera etapa del papa actual es como otra primavera eclesial. Ojala  la Iglesia como institución se abra a una nueva actualización venciendo en su interior su resistencia a los signos de los tiempos.

Por eso le pedimos a este papa bueno, que desde la otra vida siga trabajando para que todos nos abramos a la acción del Espíritu

Un abrazo

Huellas



miércoles, 22 de junio de 2016

LA PACIENCIA

Cuántas veces queremos las cosas ya
Cuántas veces nos exasperan algunas comportamientos
Cuántas veces estamos llenos de rabia porque las cosas no salen como queremos
Cuántas veces queremos alterar el ritmo de otros
Hoy os invitamos a la paciencia
Este video nos puede ayudar.
Cuando hagas la oración pide a Dios que te ayude a ser paciente.

 

martes, 21 de junio de 2016

DESAPRENDER


Cada día más, me habita la certeza de que no he elegido estar donde estoy ni decir lo que digo. No he elegido estar aquí.

Todo se ha ido dando, en una coherencia admirable, que solo he podido percibir a posteriori.

Constituye para mí una evidencia el hecho de que he sido –estoy siendo- conducido hacia donde “no sé” a partir de lo que “creía saber”…

Creía saber qué era “creer” y quién era “Dios”; quién era “yo” y qué era mi “vocación”.

Y se me ha regalado percibir la realidad de una manera tal, que ha dado la vuelta a todas mis ideas y creencias.

Había creído en un Dios personal, Padre amoroso…, y descubrí que, aun sobre la base de una intuición sabia, esa idea era fruto de una proyección mental. No me resultó fácil decir adiós a aquel dios en quien había creído sostener mi vida y mi propia identidad. Fue necesario un duelo intenso en el que llorar -y despedirme de- mis sentimientos de orfandad y de culpa.

Y, sin embargo, en este nuevo desaprendizaje, la caída de dios me mostró a Dios.

El camino empezó queriendo “acercarme” a Dios y “encontrarme” con él. Y se me ha hecho ver que entre Dios y yo no hay distancia para un camino: somos no-dos.

Tuve que fortalecer mi yo y llegué a identificarme con él, con sus necesidades, sus deseos y sus miedos, sintiéndome con frecuencia como si estuviera en una noria cansina. Y se me ha hecho descubrir que ese yo no tiene nada que ver con mi verdadera identidad.

Crecí identificado también con una creencia, recibida como “la verdad”, a la que me aferraba en busca de la seguridad que mi yo necesitaba. Y se me ha hecho patente que es necesario dejar caer todas las creencias, porque terminan convirtiéndose en obstáculo para abrirse a la verdad. He visto que la Verdad es inapresable, que no se la puede pensar, aunque se la puede “ser”. Y, al serla, se la conoce y se muestra en su radiante luminosidad.

Me moví en un mundo de dualidades, fronteras y etiquetas. Y me han abierto los ojos para ver que todo lo que se muestra no es sino expresión y despliegue de lo Único real, el Misterio del Ser, el Fondo de todo fondo, la Mismidad de lo que es; que todo lo que pasa no es sino la otra cara de Lo que es.

Busqué la salvación en el mundo de las formas. Y se me hizo caer en la cuenta de que ese es solo un mundo onírico, del que hay que despertar.

Me devané intentando hallar el sentido de mi existencia -¿para qué estoy aquí?-. Y se me regaló la plenitud de sentido en cuanto pude detener mi mente: vi que el sentido no es algo “añadido” a la existencia, sino otro nombre más de lo que es, de lo que somos. Y que, silenciada la mente, se muestra por sí mismo en plenitud.

Me fatigué desde un perfeccionismo cuya meta era siempre “hacer”. Y se descorrió el velo que me permitió reconocer que se trata solo de ser, y que todo lo demás “se da por añadidura”.

Creí encontrar en Jesús el “salvador” de mi vida. Y se me mostró que todo está ya “salvado”, que no hace falta sino “verlo”, y que Jesús no era alguien separado, sino mucho más: nada menos que un “espejo” nítido y radiante en quien ver reflejada mi (nuestra) verdadera identidad.

Crecí en una religión que me ofrecieron como “la verdadera”. Y se me ha ofrecido palpar el “territorio” al que todas las religiones, como mapas, conducen: la espiritualidad transconfesional y transreligiosa.

Fui ordenado sacerdote en el marco de una religiosidad y teología dualista. Y, sin saber previamente cómo, me he visto traído a una vivencia universal que trasciende roles y etiquetas.

Pero aún faltaba el aprendizaje mayor. Desde niño crecí pensando que tenía que ser “alguien”, que todo dependería de mi esfuerzo, que tenía que aprender a controlar todo… El objetivo, aunque no siempre explícitamente declarado, no era otro que fortalecer el sentimiento de la que consideraba mi identidad: llegar a ser yo. Había aprendido que ese era el objetivo último de la existencia, y que a ello debían encaminarse todos los esfuerzos…

Y, de pronto, de manera imprevista y sorpresiva, se me hace ver que también ese yo era solo otra creación mental. No existe tal cosa como “yo”; eso es solo un personaje del sueño, una “forma”, una apariencia… Veo claro que lo que soy es Consciencia, Vacuidad, Espaciosidad…, compartida con todas las otras “formas”. Cae toda apropiación. No hay nadie que haga nada. Y, sin embargo, todo se hace.  Cae igualmente todo orgullo y toda culpa.

Y aquí estoy… Aquí he sido conducido…

Por caminos de soledades y de plenitud, de “no saber” y de evidencias, de desconcierto y de luz, de resistencias y de entrega…, hasta la rendición ante Lo que es.

Necesito seguir expresando todo esto, aun siendo consciente de que, al hacerlo, vuelvo a caer en la dualidad –las palabras y los conceptos no pueden superar esa barrera-, pero sé bien que, en realidad, no es “nadie” quien esto expresa.

Celebro con gozo la Unidad que somos, lo único realmente Real, La Consciencia una que sostiene las mil formas aparentes, la Vida que juega a “disfrazarse” en cada uno de nosotros.

Celebro el desaprender… Solo queda Admiración y Gratitud.




Enrique Martínez Lozano

lunes, 20 de junio de 2016

HABLA HENRI CAFFAREL




¡BUENAS VACACIONES![1]

Las vacaciones. Las esperáis, y no solo como un simple descanso, sino como una reparación física y espiritual. Tenéis razón.
Ahora bien es probable, si no estáis alerta, que a la vuelta, dentro de dos meses, al mismo tiempo que una renovación del vigor físico notéis una bajada de vuestro “tono” espiritual.
Querría explicaros este fenómeno tan corriente.
Por definición, las vacaciones son un tiempo en el que se está liberado de las exigencias del trabajo, escolar o profesional (a menudo desafortunadamente las madres de familia no se libran de las tareas del hogar; pero esta es otra cuestión, que merece que se le encuentre solución).
Por eso está bien escapar a las exigencias. Hacer lo que gusta ¡qué tranquilidad! Ahora bien ahí está justamente el punto neurálgico. Seguirme bien. El amor consiste en buscar y hacer lo que le agrada a otro – no a sí mismo – y, para el cristiano, en hacer lo que agrada a Dios. No obstante, hacer lo que nos gusta, y porque nos gusta, es dar vacaciones al amor y por el mismo hecho exasperar nuestro “tono” espiritual que es función del amor. Peor aun, es emprender una pendiente terriblemente peligrosa, pues no hay avenencia posible entre el amor egoísta (que sería mejor designar con su nombre bíblico: la codicia, 1Jn 2, 16-17, Sant. 1, 14ss) y el amor a Dios: cada uno reivindica, en nuestro corazón, todo el sitio. San Agustín lo ha expresado en términos duros: “Dos amores han construido dos ciudades, el amor egoísta hasta el menosprecio a Dios, la ciudad terrestre; el amor a Dios hasta el desprecio de sí mismo, la Ciudad celeste”.
¿Quiere esto decir que es preciso proyectar unas vacaciones ascéticas, eliminando toda actividad alegre, sosegada, que entusiasme?  ¡Claro que no! Pues al Padre le agrada que sus hijos conozcan el descanso y la alegría, que en su corazón habite la admiración y la alabanza. Pero, que todo se viva en le medida en que, y porque, esto le gusta a nuestro Padre. Así el amor se intensificará, alegrará nuestro corazón, renovará nuestras fuerzas, ganará terreno en nosotros.
Todo está en esto: el alma de nuestras actividades en vacaciones, ¿estará en el amor egoísta, o en el amor a Dios? Lo primero debilita, lo segundo tonifica.

H.C




[1] LETTRE MENSUELLE DES EQUIPES NOTRE-DAME, Juillet 1962,  XV/10

domingo, 19 de junio de 2016

EL CRISTIANO TIENE QUE IMPLICARSE


LUCAS 9, 18-24
18 Una vez que estaba orando él solo, se encontraban con él los discípulos y les hizo esta pregunta:

- ¿Quién dice la gente que soy yo?

19 Contestaron ellos:

- Juan Bautista; otros, en cambio, Elías, y otros un profeta de los antiguos que ha vuelto a la vida.

20 Entonces él les preguntó:

- Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Pedro tomó la palabra y dijo:

- El Mesías de Dios.

21 Pero él les conminó a que no lo dijeran absolutamente a nadie. 22 Y añadió:

- El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser rechazado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, sufrir la muerte y, al tercer día, resucitar.

23 Y, dirigiéndose a todos, dijo:

- El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y entonces me siga; 24 porque si uno quiere poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, ése la pondrá a salvo.

Si hoy preguntásemos a la gente quién es Jesús, las respuestas también serían variopintas. Muchos coincidiríamos que Jesús es Dios. Pero este evangelio no trata de revelarnos tanto quién es Jesús sino las consecuencias de seguir a Jesús.

Jesús no se presenta como un ser poderoso al estilo humano. Se presenta como una persona que va a padecer, va a sufrir y va a resucitar. Porque lo determinante es que el que quiere seguir a Jesús ha de saber que va a ser difamado, perseguido, atropellado, insultado, ninguneado. ¿Por qué tiene que ser así? No tenemos respuesta. Pero, si queremos, de verdad, seguir a Jesús no podemos ser indiferentes a la injusticia, al odio, al revanchismo, al hambre, a la guerra.

¿Cómo es nuestra vida? ¿Nos implicamos en la denuncia de las injusticias? ¿Nos ocupamos del pobre y del débil? ¿Nos es indiferente que haya gente buscando un lugar donde vivir en paz? ¿Compartimos nuestros bienes?


Cuando hoy hagas la oración, pregúntate por estas y otras realidades parecidas. Y escucha a Dios. Jesús tiene algo que decirte.  El siguiente video nos pone frente a una realidad evidente: comparémosla con lo que hizo Jesús.