lunes, 2 de enero de 2012

EN LA DESPEDIDA…APARECIÓ UN ANGEL





Ayer, 1 de enero, comenzamos un nuevo año, el 2012. Ayer asistí al fallecimiento de un familiar cercano. ¡Qué paradoja! El comienzo y el final. Había entrado en urgencias la tarde- noche de Nochevieja. Ya no podía más. Se ahogaba. Pero era reacio a acudir a urgencias. ¡Había pasado tantas veces por el Hospital! No quería ir. Estoy pensado si no era porque creía que ya no saldría de allí. Cuando ya no pudo más. Cuando se acercaba la noche, dijo: venga, vamos, ayúdame a vestir y vamos a urgencias.

Era la Nochevieja y ya estaba todo preparado para, todos juntos, despedir el año y dar la bienvenido al nuevo año. Siempre con la canción “Año Nuevo” de Juan Pardo. Pero este año no. No se puso ni se cantó esa canción. ¿Premonición? Tampoco estábamos todos. Faltaban tres. Se notaba en el ambiente. Ya antes de llegar sabíamos que iba a quedar ingresado. El diagnóstico nos dejó algo intranquilos, pero, pensábamos que también podría con esto. ¡Tenía una salud de hierro!

Pero no fue así. La noche la fue pasando. Respiraba mal. Cada vez peor. Pero aún había medios para poder con lo inevitable. Eso parecía. No fue así. De la habitación a la UCI. La hora de visita a las 7 de la tarde. Ya había entrado el año nuevo. Aún nos reunimos para comer. Pero el ambiente era…Comimos…en parte…pero sonó el teléfono…una llamada no deseada. Y rápidamente, a subir al hospital. Parecía ya inevitable. Era el principio del año, recién estrenado, y la vida se acababa. ¡Qué paradoja! Y a la hora que estaba previsto entrar, entramos, pero cada uno –éramos cuatro- para despedirse como fue capaz: nos veremos. Qué minutos más intensos y difíciles. Era el final.

No, no es el final. No es el final. Junto a su cama llena de tubos una de las personas que entró –para mí un auténtico ángel- tocando su frente le decía: vete en paz, Dios está contigo, no tengas miedo, estate tranquilo, Dios está contigo, vete tranquilo, Dios está contigo…. Y así una y otra vez. En un tono muy bajo. Pero perceptible. Y así se fue. Se fue con Dios. Eso es lo que yo creo: se fue con Dios. Y por eso estará con nosotros. Y lo recordaremos. Había arrojado la toalla. No entendíamos muchos de sus actos. Pero, ese ángel que estuvo en ese momento, me hizo sentir que se fue en paz. Que Dios le abrió sus brazos. Y con Él se ha quedado para siempre. Por eso no es el final. Más bien creo que es el comienzo. Un abrazo.

1 comentario:

  1. QUE TESTIMONIO MAS GRANDE DE FE, ESPERANZA, AMOR. ME HABEIS DADO UNA LECCION.

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