A sus 88 años, Gustavo
Gutiérrez, el padre de la Teología de la Liberación es un abuelito entrañable,
que, a pesar de su fama, no se da importancia, y al que todo el mundo venera.
Pequeñito, con su bastón siempre en la mano, sigue marcando la pauta de la
corriente teológica que fundó y por la que fue perseguido durante 20 años.
Ahora, le llegan los reconocimientos del propio Papa Francisco y de toda la
comunidad teológica mundial. Uno de los últimos 'gurús' vivos apuesta por
Francisco, "un kairós, un gran don", tras participar en el I
Encuentro Iberoamericano de Teología, celebrado en el Boston College.
¿Cómo llegó a la Teología?
Fui vocación tardía. Entré en
el seminario cuando ya había cumplido los 24 años y después de haber estudiado
Medicina. Una vez que decidí ser cura, estudié Filosofía y Psicología en
Lovaina y Teología en Lyon, además de algún curso en la Gregoriana de Roma, con
el padre Alfaro. Me ordené en 1959 y comencé a enseñar y a trabajar en una
parroquia.
¿Entró a dar clases en la
Facultad de Teología?
No. Nunca estuve en la
Facultad de Teología. No querían saber nada de mí en ella. Daba clases en la
Universidad católica, pero no en la Facultad de Teología. De hecho, mi primer
nombramiento para enseñar en una Facultad de Teología data de hace solo 12 años
en USA. A la vejez, viruelas. Desde hace años, paso tres meses en la
Universidad estadounidense de Notre Dame.
¿Qué recuerda de su trabajo
pastoral en la parroquia?
Sigo trabajando en la
parroquia. Nunca la dejé. De hecho, conocí ya a dos generaciones de feligreses.
Adoro el trabajo parroquial y, al mismo tiempo, me apasiona la Teología. Por
eso, a veces, tuve dificultades para compaginar ambas cosas en mi vida. Me
gusta enseñar, pero no a tiempo completo. Soy cura párroco.
¿Esperaba la repercusión de su
libro sobre la Teología de la Liberación?
Nunca pensé que iba a hacer
tanta bulla la publicación de ese libro.
Y pronto empezaron sus
'problemas' con Roma
Estuve durante muchos años en
diálogo con Doctrina de la Fe. 20 años de diálogo. Siempre fui una nulidad en
Derecho canónico, pero aprendí a diferenciar el diálogo del proceso. A mí me
obligaron al diálogo, pero nunca me incoaron un proceso. Por eso, cuando los
periodistas me preguntan si el Papa me va a rehabilitar, siempre contestó que
no puede rehabilitarme, porque nunca fui deshabilitado. Eso sí, hubo una
fregadera de cartas y de idas y venidas.
Y, sin embargo, siempre se
dice que fue usted condenado por Roma
Los medios de comunicación
tienen una fuerza enorme y esos clichés, divulgados erróneamente, tienden a
permanecer y cristalizar en la gente. Hace un par de meses, una señora, tras asistir
a la misa que había celebrado, se acercó y me dijo: 'Pensé que tenía prohibido
celebrar'
¿Qué piensa del papa
Francisco?
Es un momento de 'kairós' que
nadie esperaba. Un gran don. Va a lo central del mensaje cristiano, a la
frescura del Evangelio. Además, es muy valiente. Aunque hay quienes le piden
más, pero esos tales están locos. Francisco es una bendición, tiene clarísima
la solidaridad con el pobre, la gente le entiende y, encima, tiene sentido del
humor y hace bromas, además de su impresionante capacidad para crear metáforas.
Estoy dispuesto a apoyar al Papa a fondo, en la medida de mis posibilidades.
¿Cómo aprovechar este
'kairós'?
La reforma de la Iglesia exige
el cambio de la Curia, que detesta el Papa Francisco.
¿Hay resistencias contra
Francisco?
Sólo conocemos el 10% de las
resistencias. El otro 90% está oculto, pero él lo sabe y tiene una fibra muy
fuerte. El Papa necesita mucho apoyo, porque tiene problemas. Hasta hay
cardenales que critican públicamente al Papa, algo nunca visto en nuestra época
y prueba evidente de las resistencias a las que tiene que hacer frente.
¿Qué pueden hacer los que lo
apoyan?
Sostenerlo y hacerlo presente
en la Iglesia. Porque este excelente momento y este don que significa el Papa
nos exige una tarea. Hay que tener una visión de Iglesia grande. Hay que
preparar la continuidad. Y mantenerse firmes. Falta una bienaventuranza, la de
'bienaventurados los tercos, porque de ellos es el Reino de los cielos'
¿Se vio personalmente con
Francisco?
Sí, pero no quisimos darle
publicidad a ese encuentro
¿En qué está trabajando?
Tengo un libro terminado, pero
sin releer.
¿El título?
Eso no se dice, da mala
suerte.
¿Sobre qué tema?
El del pobre y la situación
teológica. El libro y el título girará en torno a esta frase: 'Cerca del pobre,
cerca de Dios'. Tenemos que zanjar la cuestión de la pobreza. La pobreza es
muerte temprana e injusta. La pobreza es destructora de personas y de familias.
La pobreza nunca es buena, nunca. Como dice Hannah Arendt, 'el pobre es aquel
que no tiene derecho a tener derechos'. Por eso, el compromiso con el pobre no
puede evitar las denuncias de las causas de la pobreza.
¿La gente se ha aburguesado?
La gente se cansa. Un
cansancio que se da mucho en política. Pero también hay que tener muy en cuenta
la experiencia del martirio. Hay gente que ha dado su vida. Por ejemplo,
Enrique Pereira Neto, al que mataron a los 28 años, por defender a los pobres.
Habría que abrir en la Iglesia una nueva línea de santidad: los santos de las
causas sociales. El primero, monseñor Romero.
¿Qué lugar ocupa la
espiritualidad en el quehacer teológico de la TL?
Es fundamental, entendida como
un estilo de vida y una manera de ser. Como decía Chenu, 'es la espiritualidad
la que está detrás de la teología'. Espiritualidad como comportamiento y como
práctica. El mensaje cristiano es como carne congelada: Está ahí, pero no se
puede comer. Hay que descongelarla, es decir, ponerla en la realidad. Como dice
Simone Weil, 'si quieres saber si una persona cree en Dios, no te fijes en lo
que dice de Él, sino en lo que dice del mundo'. O como señala Nicolás
Berdiaeff, 'si tengo hambre, es un problema material. Si otra persona tiene
hambre, es un problema espiritual para mí'.
Es llamativa su amistad con el
actual prefecto de Doctrina de la Fe, Gerhard Müller
Tras entrar en contacto
conmigo, Müller fue durante 15 años seguidos a dar clases a los seminaristas
del seminario de Cuzco. Nunca vi a un teólogo europeo hacer algo parecido. El
propio Müller dice que allí se convirtió.
José Manuel Vidal
Religión Digital
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