lunes, 7 de diciembre de 2015

MÍRATE



Estamos en plena campaña para las elecciones, nos bombardean desde todas las fuerzas políticas, se llenan los periódicos de promesas, no sabemos a quién acudir, estamos preocupados porque vivimos inquietos el futuro inmediato, se dice que es la campaña más interesante de los últimos años porque el bipartidismo al que estábamos acostumbrados se va a hacer añicos. Un nuevo horizonte se está vislumbrando.

Y entre toda esta vorágine de promesas nos ha llegado el adviento. Como cada año por estas fechas, el tiempo litúrgico nos invita a la meditación, al silencio y a la espera. Es el tiempo de mirar para dentro. Porque lo esencial lo llevamos en el corazón.


Somos personas que vivimos en el mundo, que participamos en la sociedad, que no somos ajenos al momento político que estamos viviendo. Por eso hoy os proponemos que nuestra aportación social, sea que la sea, nazca de nuestro interior. Que nos fijemos menos en lo que nos viene de fuera y miremos nuestro corazón. Ahí está la esencia. Ahí hay trato directo con Dios. Y desde ahí sabremos interpretar cómo hemos de actuar. La clave es: confiar en Dios. Y hacer lo que Dios nos susurre en nuestro interior. Déjate acariciar por Dios. Siente su calor. Nota su bondad. Palpa su cercanía.  Y desde ahí, entrégate a la sociedad, a los demás.  

domingo, 6 de diciembre de 2015

APRENDAMOS A PEDIR PERDÓN


LUCAS 3, 1-6

 El año quince del gobierno de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide y Lisanio tetrarca de Abilene,  bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, un mensaje divino le llegó a Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.
 Recorrió entonces toda la comarca lindante con el Jordán, proclamando un bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados,  como está escrito en el libro del profeta Isaías:
Una voz clama desde el desierto:
"Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos: que todo valle se rellene, que todo monte y colina se abaje, que lo torcido se enderece, lo escabroso se allane,  y vea todo mortal la salvación de Dios" (Is 40,3-5).

Hoy el evangelio nos lleva a Juan Bautista, el profeta que anunció que Jesús está a punto de venir. ¿Qué nos pide? Que pidamos perdón.

Estamos metidos de lleno  en nuestras preocupaciones, en nuestros anhelos, en nuestras obligaciones. Nos olvidamos, muy a menudo, de que Dios ha venido a estar con nosotros. Por eso Juan nos invita a estar preparados, a recibir al Señor, a pedir perdón.

Hoy llega Jesús a nuestra vida. Mejor, ya está en ella. Y nosotros seguimos a lo nuestro, a aquello que creemos que nos viene bien: el trabajo, la familia, la diversión, la oración, los Equipos. ¿Qué lugar ocupa en todo eso el Señor? ¿Qué lugar ocupan en todo eso los demás?  Aquí está la clave. Hoy el mundo sigue dando tumbos: muertes por aquí y por allá sin sentido, hambre en muchos lugares del mundo, corrupción a doquier. Y en ello alguna responsabilidad puede recaer en nosotros. Es el tiempo de meditar si nuestra vida trascurre por los mismos caminos que recorrió Jesús. Preguntémonos por ello. Y corrijamos el rumbo. Como hizo Juan Bautista.  Porque hoy el evangelio non invita al perdón.


En el siguiente video vamos a escuchar un padre nuestro especial, es un padre nuestro de niños en una zona de guerra, recemos al Dios del perdón para que aprendamos a perdonar y echar los dos manos para hacer un mundo de hermanos. Como hizo Juan Bautista.




sábado, 5 de diciembre de 2015

LA FE DEL HOMBRE NUEVO



El futuro tal vez…
            ¡Pues apostemos!
Cerremos tantos libros de historias macilentos.
Cerremos nuestros ojos cansados de este mundo.
Miremos el futuro:
el futuro es el dios que apetecemos.
Tendremos un dios limpio, un dios perfecto y útil,
que vestirá a los lirios y nutrirá a los pájaros,
y al fin coronará al hombre nuevo
-un hombre como nadie ha visto nunca-
por único rey del universo.
Lo llamaremos después de mil maneras:
socialismo integral, sociohumanismo,
justicia libertaria… Ya veremos.

El futuro quizás. ¿Quién lo conoce?
Es un dios de sorpresas y de sueños,
de esperanza bendita y providente,
el padre dios que vela por nosotros
los hijos del afán y del empeño.
Cada uno lo adora en el santuario
más íntimo del ser. Todos los templos
del ancho mundo
están abiertos
a este dios creador, vivificante,
siempre nuevo.
Busquemos el futuro y descansemos
de tanta prisa insomne.

Busquemos el futuro y esperemos
-la fe encendida en el reino de este mundo-
al dios que se revela en la existencia,
al dios que se renueva cada día
en nuestra vida, siempre en puro estreno.
Que dios no es el pasado ni el presente
sino el voraz futuro que arrastra como un viento,
y que deslumbra
con la fuerza del relámpago y del trueno.
El futuro tal vez.
             ¡Pues apostemos!

Víctor Manuel Arbeloa.


viernes, 4 de diciembre de 2015

AMABILIDAD



No se te pide mucho.
No se me pide mucho.
Tan solo, sé amable.
Sé amable con cada persona que te encuentres en el camino.
Sé amable con los de cerca.
Sé amable con los de lejos.
Sé amable con los que piensan como tú.
Sé amable con los que discrepan de ti.
Sé amable con los que están arriba.
Sé amable con los que están abajo.
Sé amable con los que ganan.
Sé amable con los que pierden.


En la medida en que trates a los demás, te trataran a ti.

jueves, 3 de diciembre de 2015

ENVEJECER





Muchos de nosotros hemos llegado ya a una edad en que sabemos que la vejez está ahí. Y es posible que el cuerpo haya empezado a darnos problemas. Pero no olvidemos que el espíritu no envejece si nosotros nos preocupamos de que sea así.
Como nos dice esta foto sólo envejecemos cuando lo nuevo nos asusta. ¿Y por qué razón decimos esto? Pues porque vemos que en la Iglesia empiezan a aparecer muchas cosas nuevas y hay personas que se sienten asustadas por los cambios. No temamos, lo cambios casi siempre son para mejorar cosas, que pudieron ser buenas en otro tiempo, pero que ahora no nos valen. No dejemos que nuestra mente envejezca y perdamos el miedo.
Lo malo es cuando son los jóvenes de cuerpo los que temen a lo nuevo. Entonces de alguna manera nos están diciendo que han dejado envejecer su espíritu. Quizá esa sea una labor de los “viejos” que han querido ser interiormente jóvenes, el ayudar a que los jóvenes no sean viejos en su juventud.
Parece un laberinto de palabras, pero leedlo despacio y veréis que tenemos todavía mucho que hacer.
Os queremos

Huellas

miércoles, 2 de diciembre de 2015

CÁNCER






El  cáncer solo es una palabra formada por seis letras a la que hemos atribuido poderes malditos.
Cuando se pronuncia, su sonido nos hiela el corazón y el miedo se apodera de nosotros.
Decimos su nombre en voz baja, susurrando, como si fuera una bestia peligrosa a la que no queremos despertar.
Si nos dicen que Fulano o Mengano ha sido atrapado por esa odiosa palabra, suspiramos aliviados de que sea él, y no nosotros, quien ha caído prisionero en sus garras, pero al mismo tiempo un escalofrío nos recorre la espalda al pensar que tal vez, un día, el ataque nos alcance también.
Todo parece estar lleno de esas seis letras: las camas de los hospitales, los cementerios, las peores tragedias, las desgracias más amargas.
Vivimos respirando ese sonido, temiendo esa palabra siniestra porque sabemos que nada podemos hacer contra el cáncer por mucho que nos revisemos el cuerpo una y otra vez, por mucha vida sana que hagamos y por ecológicos alimentos que comamos.
Él no distingue edades ni clases sociales; le dan igual los magnates que los mendigos, los tristes que los alegres, los santos que los pecadores.
Es la nueva peste que asola los tiempos modernos y que nos recuerda que no somos todopoderosos, que la vida no siempre está llena de risas y de inconsciencia.
El cáncer nos pone frente a una realidad que nos negamos a ver: la muerte, nuestra propia muerte. Nos coloca frente a un espejo donde nos vemos tal y como somos, mortales, frágiles, desconcertados y asustados.

Pero tal vez haya que empezar a mirarlo con otros ojos, a escuchar la palabra “cáncer” con otros oídos e intentar que su sonido no nos hiele la sangre.
Quizás no sea un enemigo sino un heraldo. Es posible que no venga a destruirte sino a advertirte. Puede ser que lo que tú pensabas que era un enemigo se convierta en un maestro.
Si él llega a tu vida, si aparece acurrucado en algún órgano de tu cuerpo, no te asustes, no te dejes dominar por el pánico, porque tal vez haya venido a decirte algo que no has querido escuchar; o puede ser que hayas vivido con tanta pena y tanta tristeza que él tiene que surgir para que sepas apreciar todo lo que sí posees y no solo aquello que no has alcanzado y por lo que siempre sufres; o en algún momento alguien te partió el corazón y sentiste tanto dolor, tanta desolación, que las células de tu cuerpo se multiplicaron para compensar la pérdida de tu alma.
Solo tú puedes saber por qué motivo el cáncer apareció en tu vida, qué hay que debas cambiar, o qué hay que tengas que abandonar, o de qué debes dejar de depender. 
Y si él ha llegado a ti no lo sientas como algo ajeno porque no lo es. Tu cáncer está formado por tus células y por tu miedo, te pertenece tanto como tus risas o tus lágrimas. Acéptalo como lo que es, una experiencia, una inevitabilidad de las muchas que componen la vida.

Afróntalo con valor, con ánimo y acaricia suavemente la parte de ti donde él se ha instalado porque esa zona de tu cuerpo no está maldita, solo está mutando, está diciéndote que le prestes atención, que escuches el mensaje que trae para ti y que la Vida lleva años susurrándote sin que tú le hayas hecho caso.  
Y luego, cuando hayas comprendido lo que la Vida quería mostrarte a través del cáncer, ponte en manos de la ciencia, de los médicos. Ellos harán su trabajo lo mejor que sepan y puede ser que te curen y que arranquen de ti el órgano en el que él creció. No será fácil, deberás pasar por momentos duros, difíciles, dolorosos, tendrás que enfrentarte a tus peores miedos, pero a cambio te será dado conocer una parte de ti que de ninguna otra forma habrías descubierto.
Sabrás entonces lo fuerte que eres, el valor que posees, apreciarás a las personas que están junto a ti y que te brindan su amor y su cariño. Comprenderás que no estás solo, ni siquiera en las profundidades de un quirófano, ni siquiera en el vacío de tu cuerpo y tu mente anestesiados, porque sentirás que algo en tu interior estuvo sosteniéndote y acompañándote en todo momento.
Cuando ese trance haya pasado, cuando regreses a casa con tu cuerpo herido, verás que todo ha cambiado, que tu hogar es más hermoso y acogedor, que tu familia es la mejor del mundo y que tu vida, que antes solo era una monótona rutina, ahora se ha transformado en un maravilloso regalo donde todo cuenta, incluso lo más nimio, hasta algo tan sencillo como prepararte una taza de té y saborearla mientras ves pasar las nubes por la ventana.
Después de haber vivido el cáncer tu existencia tendrá otro sabor, otro color, otro sonido y tú ya no serás el de antes y cuando vuelvas a mirarte en el espejo ya no verás a alguien asustado sino a alguien que se conoce a sí mismo como nunca antes lo había hecho y ese conocimiento te aportará la verdadera felicidad, una felicidad que de no ser por el cáncer jamás habrías descubierto. Porque hay muchas formas de ser feliz, pero solo una que dura para siempre y esa te la proporciona el viaje que has hecho a lo más profundo y oscuro de tu interior y el regreso a esta nueva realidad, a esta manera diferente de ver la Vida, el mundo y a ti mismo.
Pero hay otro camino que se te ofrece y que no es el de la sanación. Tal vez ni los médicos ni la ciencia puedan hacer nada por sacar de ti lo que se formó para permanecer. Quizás el destino tenga otros planes para ti y si es así escúchame bien. Abandónate, deja de luchar, no intentes permanecer aquí a toda costa y a cualquier precio. Y, aunque al principio te cueste, haz un esfuerzo y sonríe porque no estás solo ni has sido abandonado. Acepta lo que ha venido a ti y prepárate para el más maravilloso de los viajes, porque ese cáncer será tu guía, será quien te introduzca en una dimensión a la que todos iremos, pero tú llegarás antes.

No tengas miedo, la muerte no es como te la han contado, al igual que el cáncer no es como habías temido. Se terminará el dolor, la incertidumbre, las batallas y podrás al fin dirigirte a tu verdadero hogar, a ese que siempre estuvo en tu interior y que ahora has recordado y recobrado.
Por eso cuando escuchéis la palabra “cáncer” no os asustéis, tomad cada una de sus letras y otorgarles un nuevo sentido, otro significado, como yo he hecho.

Confianza
Aceptación                              
Nacimiento                              
Cariño                                               
Esperanza                                
Resplandor                              



Sara, afectada de cáncer


martes, 1 de diciembre de 2015

HAY HERIDAS


Inevitablemente en el camino de la vida hay tropiezos, hay heridas. El cuerpo va sufriendo arañazos. El alma se retuerce ante el sufrimiento. Es así. Son hechos inevitables. Pero, esos arañazos y esos sufrimientos nos hacen más humanos. Integrarlos, aceptarlos, asumirlos es la tarea que tenemos entre manos. Si queremos eliminarnos nos hemos equivocado de planeta. En esta tierra nuestra, en esta vida que conocemos, las heridas van unidas a la vida. Y es de sabios saber aprovecharlas porque, también nos hablan.

Hoy os invitamos a mirar una de tus heridas con compasión. ¿Qué me quiere decir? Solo cuando seamos capaces de aceptarlas, seremos capaces de aprender de ellas.  


Hacemos nuestras las palabras de poeta Miguel Hernández:

¡Ay de quien no está herido, de quien jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente!