sábado, 20 de julio de 2013

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viernes, 19 de julio de 2013

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EN LAMPEDUSA

Por su interés reproducimos este importante documento. No dejéis de leerlo. Interroga a cada uno

08 de julio, 2013. (Romereports.com)

El Papa ha celebrado Misa en un polideportivo de Lampedusa, la isla italiana a la que llegan cada día decenas de emigrantes ilegales. El altar era de una belleza triste: estaba apoyado sobre una barca en la que un grupo de emigrantes ilegales intentó escapar del norte de África en busca de un futuro mejor.  

En su dura homilía, el Papa Francisco ha pedido a la humanidad que no se acostumbre al sufrimiento de los demás y ha denunciado la “globalización de la indiferencia”. 



Francisco
“Miramos al hermano medio muerto tirado en la calle y quizá pensamos “pobrecillo”, y seguimos por nuestro camino: no depende de nosotros... Y nos sentimos justificados”. “Quién ha llorado por estas personas que iban en barca? ¿Por estas jóvenes madres que llevaban a sus niños? ¿Por estos hombres que buscaban un modo de sostener a sus familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto, del “padecer con”: la globalización de la indiferencia”.


El Papa llevaba vestiduras moradas porque ha deseado que fuera una ceremonia penitencial para pedir perdón a Dios por los dramas que afronta cada emigrante ilegal. 


Francisco
“Te pedimos perdón por quienes, con sus leyes y decisiones a nivel mundial han creado situaciones  que conducen a estos dramas. Perdón, Señor”.


Antes de irse el Papa ha dado las gracias a los habitantes de la isla. Les ha dicho que son un faro y ha pedido al resto del mundo que los imiten y tengan el coraje de recibir a los emigrantes que huyen en busca de una vida mejor.



HOMILÍA DEL PAPA EN ESPAÑOL

Inmigrantes muertos en el mar, por esas barcas que, en lugar de haber sido una vía de esperanza, han sido una vía de muerte. Así decía el titular del periódico.
Desde que, hace algunas semanas, supe esta noticia, desgraciadamente tantas veces repetida, mi pensamiento ha vuelto sobre ella continuamente, como a una espina en el corazón que causa dolor. Y entonces sentí que tenía que venir hoy aquí a rezar, a realizar un gesto de cercanía, pero también a despertar nuestras conciencias para que lo que ha sucedido no se repita. Que no se repita, por favor.

Antes que nada quisiera tener una palabra de sincera gratitud y de ánimo para con ustedes, habitantes de Lampedusa y Linosa, para con las asociaciones, los voluntarios y las fuerzas de seguridad, que han prestado y prestan atención a personas en su viaje hacia algo mejor. ¡Ustedes son una pequeña realidad, pero dan un ejemplo de solidaridad! ¡Gracias! Gracias también al Arzobispo Mons. Francisco Montenegro por su ayuda, su trabajo y su acompañamiento pastoral. Saludo cordialmente a la alcaldesa, la señora Giusi Nicolini: muchas gracias por lo que ha hecho y sigue haciendo. Quiero tener un recuerdo para los queridos inmigrantes musulmanes que esta tarde comienzan el ayuno del Ramadán, con el deseo de abundantes frutos espirituales. La Iglesia está a su lado en la búsqueda de una vida más digna para ustedes y para sus familias. A ustedes: (oshiá)!

Esta mañana, a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado, quisiera proponer algunas palabras que más que nada remuevan la conciencia de todos, nos hagan reflexionar y cambiar concretamente algunas actitudes.

"Adán, ¿dónde estás?": es la primera pregunta que Dios dirige al hombre después del pecado. "¿Dónde estás, Adán?". Y Adán es un hombre desorientado que ha perdido su puesto en la creación porque piensa que será poderoso, que podrá dominar todo, que será Dios. Y la armonía se rompe, el hombre se equivoca, y esto se repite también en la relación con el otro, que no es ya un hermano al que amar, sino simplemente alguien que molesta en mi vida, en mi bienestar. Y Dios hace la segunda pregunta: "Caín, ¿dónde está tu hermano?". El sueño de ser poderoso, de ser grande como Dios, en definitiva de ser Dios, lleva a una cadena de errores que es cadena de muerte, ¡lleva a derramar la sangre del hermano!

Estas dos preguntas de Dios resuenan también hoy, con toda su fuerza. Tantos de nosotros, me incluyo también yo, estamos desorientados, no estamos ya atentos al mundo en que vivimos, no nos preocupamos, no protegemos lo que Dios ha creado para todos y no somos capaces siquiera de cuidarnos los unos a los otros. Y cuando esta desorientación alcanza dimensiones mundiales, se llega a tragedias como ésta a la que hemos asistido.

"¿Dónde está tu hermano?", la voz de su sangre grita hasta mí, dice Dios. Ésta no es una pregunta dirigida a otros, es una pregunta dirigida a mí, a ti, a cada uno de nosotros.
Esos hermanos y hermanas nuestras intentaban salir de situaciones difíciles para encontrar un poco de serenidad y de paz; buscaban un puesto mejor para ellos y para sus familias, pero han encontrado la muerte. ¡Cuántas veces quienes buscan estas cosas no encuentran comprensión, no encuentran acogida, no encuentran solidaridad! ¡Y sus voces llegan hasta Dios! Y una vez más les doy las gracias a ustedes, habitantes de Lampedusa, por su solidaridad. He escuchado, recientemente, a uno de estos hermanos. Antes de llegar aquí han pasado por las manos de los traficantes, aquellos que se aprovechan de la pobreza de los otros, esas personas para las que la pobreza de los otros es una fuente de lucro. ¡Cuánto han sufrido! Y algunos no han conseguido llegar.

"¿Dónde está tu hermano?". ¿Quién es el responsable de esta sangre? En la literatura española hay una comedia de Lope de Vega que narra cómo los habitantes de la ciudad de Fuente Ovejuna matan al Gobernador porque es un tirano, y lo hacen de tal manera que no se sepa quién ha realizado la ejecución. Y cuando el juez del rey pregunta: "¿Quién ha matado al Gobernador?", todos responden: "Fuente Ovejuna, Señor". ¡Todos y ninguno!

También hoy esta pregunta se impone con fuerza: ¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas? ¡Ninguno! Todos respondemos igual: no he sido yo, yo no tengo nada que ver, serán otros, ciertamente yo no. Pero Dios nos pregunta a cada uno de nosotros: "¿Dónde está la sangre de tu hermano cuyo grito llega hasta mí?". Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que hablaba Jesús en la parábola del Buen Samaritano: vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos "pobrecito", y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz.

 La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!
Vuelve la figura del "Innominado" de Manzoni. La globalización de la indiferencia nos hace "innominados", responsables anónimos y sin rostro.

"Adán, ¿dónde estás?", "¿Dónde está tu hermano?", son las preguntas que Dios hace al principio de la humanidad y que dirige también a todos los hombres de nuestro tiempo, también a nosotros.
 Pero me gustaría que nos hiciésemos una tercera pregunta: "¿Quién de nosotros ha llorado por este hecho y por hechos como éste?". ¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos? ¿Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de "sufrir con": ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar! En el Evangelio hemos escuchado el grito, el llanto, el gran lamento: "Es Raquel que llora por sus hijos… porque ya no viven". Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo…
Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste. "¿Quién ha llorado?". ¿Quién ha llorado hoy en el mundo?
Vuelve la figura del "Innominado" de Manzoni. La globalización de la indiferencia nos hace "innominados", responsables anónimos y sin rostro.

Señor, en esta liturgia, que es una liturgia de penitencia, pedimos perdón por la indiferencia hacia tantos hermanos y hermanas, te pedimos, Padre, perdón por quien se ha acomodado y se ha cerrado en su propio bienestar que anestesia el corazón, te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que llevan a estos dramas. ¡Perdón, Señor!

 Señor, en esta liturgia, que es una liturgia de penitencia, pedimos perdón  por la indiferencia hacia tantos creado situaciones que llevan a estos dramas. ¡Perdón, Señor!

Señor, que escuchemos también tus preguntas: "Adán, ¿dónde estás?". "¿Dónde está la sangre de tu hermano?".

jueves, 18 de julio de 2013

NO HAY UN FINAL




Muchas veces en la vida nos sentimos al final de algo. Si un hijo se va, es el final de una vida que habíamos planeado juntos. Si aparece una enfermedad, es el final de una vida sana y con alegría. Si nos echan del trabajo, es el final de una etapa tranquila…
Pero en realidad deberíamos ver cada final como el inicio de algo nuevo.
Cuando un hijo se va, es que ha comenzado una nueva vida de alegría, trabajo… Si aparece una enfermedad quizá sea el comienzo de empezar a ver las cosas de otro modo, de darnos cuenta que no estamos aquí para siempre y de que hemos de ponernos ante Dios y preguntarle qué debemos cambiar, qué estamos haciendo mal para cambiarlo y qué estamos haciendo bien para seguir impulsando ese hacer.
Si nos quedamos sin trabajo quizá sea el momento de intentar hacer algo nosotros, de crear una nueva forma de trabajar…
En fin, es el momento de ser positivos. En la Iglesia estamos llegando a muchos finales, pero nosotros los vemos como nuevos y alentadores inicios de una transformación tan necesaria. Hay mucho miedo a los cambios, porque suponen decisiones a veces difíciles de nuestras maneras de ver la cosas, pero ya nos dice Jesús: “No tengáis miedo”. Y nosotros hemos empezado a perder ese miedo. Hemos dejado de cerrar los ojos y vivimos más felices en el mundo en el que Jesús nos ha puesto.

Un abrazo 
Huellas

miércoles, 17 de julio de 2013

ESTE MUNDO ES UNA MIERDA

Y SI  NO FUERA UNA MIERDA?.
 


(Esta pintada la puedes encontrar en la Calle Santo Tirso, de León),
 
Yo también pensé como tú que estudiar era una mierda y me puso a trabajar y trabajar era una mierda. Otro día me enamoré de Julia y Julia no llenaba mis vacíos y pensé que el amor era otra mierda. Más adelanté me cambié de ciudad y la otra ciudad era una mierda. Así he vivido la mitad de mis días, pensando, sintiendo, entre mierdas.
 
Llevo medio año barruntando que tal vez tenga los ojos empañados y que no me vendría mal ir al oftalmólogo. ¿A  ver si arrastro desde años miopía?.
 
La otra semana al subir las escaleras de casa me esperó Paula y me pareció, por su forma de mirarme, que Paula no era una mierda.
 
No sé que me está pasando...

martes, 16 de julio de 2013

IDEOLOGÍA





Es abrumador lo que se puede leer acerca de la crueldad del hombre para con sus semejantes. He aquí un relato periodístico de la tortura practicada en modernos campos de concentración.

La víctima es atada a una silla metálica. Entonces se le administran descargas eléctricas, cada vez de mayor intensidad, hasta que acaba confesando.

Con la mano ahuecada, el verdugo golpea una y otra vez a la víctima en el oído, hasta que el tímpano estalla.

Sujetan con correas a la víctima a un sillón de dentista. El ~ dentista ~, entonces, comienza a perforar con el torno, hasta llegar al nervio. Y la perforación prosigue hasta que la víctima accede a cooperar.

El hombre no es cruel por naturaleza. Se hace cruel cuando es infeliz... o cuando se entrega a una ideología.

Una ideología contra otra; un sistema contra otro; una religión contra otra. Y en medio, el hombre, que es aplastado.

Los hombres que crucificaron a Jesús probablemente no eran crueles. Es muy posible que fueran tiernos maridos y padres cariñosos que llegaron a ser capaces de grandes crueldades para mantener un sistema, o una ideología, o una religión.

Si las personas religiosas hubieran seguido siempre el instinto de su corazón, en lugar de seguir la lógica de su religión, se nos habría ahorrado asistir a espectáculos como el de la quema de herejes o el de millones de personas inocentes asesinadas en guerras libradas en nombre de la religión y del mismo Dios.

Moraleja: Si tienes que escoger entre el dictado de un corazón compasivo y las exigencias de una ideología, rechaza la ideología sin dudarlo un momento. La compasión no tiene ideología.

Tony de Mello

lunes, 15 de julio de 2013

MI DIOS Y MI TODO

UN DIOS QUE MARCA LA DIFERENCIA

Si es igual que estés o no estés; 
si la fe no supone, en realidad, ningún cambio en lo cotidiano;
si la oración es tan solo un rito o una inercia;
si el evangelio es una serie de relatos que conozco de siempre, pero ya rara vez me dicen algo nuevo; 
si Jesús es un icono más, popular y atractivo, pero estático;
si la celebración es un ritual conocido pero domesticado;
si las preguntas no son a vida o muerte, porque en ellas te lo juegas todo; entonces es que no es Dios aquel a quien estás mirando, buscando o rezando. 
Porque Dios le da la vuelta a todo. Inquieta, remueve, convierte y te hace comprender el mundo de otra forma.

pastoral sj

domingo, 14 de julio de 2013

NO NOS ENGAÑEMOS: EL PRÓJIMO SON TODOS

Iglesia de Benllera, interior


Domingo XV Tiempo Ordinario
Evangelio de Lucas 10, 25-37 

En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:

― Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

El le dijo:

― ¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?

El letrado contestó:

― “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo”.

El le dijo:

― Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.

Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús:

― ¿Y quién es mi prójimo?

Jesús dijo:

― Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. 

Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo:

― Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta. 

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? 

El letrado contestó:

― El que practicó la misericordia con él. 

Jesús le dijo:

― Anda, haz tú lo mismo

Iglesia de Benllera, vista general
Fray Marcos, titula el comentario de este evangelio así: “Sin prójimo no hay Dios que valga”. Una frase contundente. Dice lo que dice. Y se entiende sin más explicaciones. Y esto me lleva a la siguiente reflexión. No hemos venido a este mundo a cumplir una serie de preceptos morales y según acertemos o no, así será la recompensa. Más bien cree que hemos sido creados para albergar al mismo Dios. Dios forma parte de nuestra misma esencia. Queramos o no Dios está ahí, con nosotros, dentro de nosotros. Solo así se entiende la bondad en la esencia del hombre. Pero, somos seres libres y por eso capaces de ocultar y tapar al Dios que tenemos. Y cuando hacemos eso, ¡así nos va! ¿Cómo se explica sino el mal en el mundo? ¿Cómo se explica sino el hambre de tanta gente a pesar de haber comida para todos? ¿Cómo se explica sino el hacerse mal a uno mismo y a los demás?

La parábola del buen samaritano me recuerda que el prójimo es todo aquel que aparece en nuestras vidas, cualquier persona a la que somos capaces de llegar, todo ser humano que padece de alguna manera la injusticia y somos capaces de escucharle, de aliviarle, de rezar por él. El prójimo no es solo aquel que yo elijo o aquel que me conviene para tranquilizar mi conciencia.

Cuando se vive consciente de que Dios está dentro de cada uno, el prójimo son todos. Por eso, no nos engañemos. Lo sabemos. Todos estamos unidos por lazos de bondad. El problema es que es difícil salir de la propia comodidad de la vida. El samaritano no buscó al herido, apareció en su vida y se entregó a él. Este es el camino. No hay otro. Tenemos a Dios dentro. Creérnoslo y entregarnos. No hay más. Pero tampoco hay menos.

Saber esto ya es mucho. Por eso siempre es imprescindible la Palabra. Va directa al corazón. Y ahí no hay engaño.


Señor, ¿por qué busco fuera?

¿No es en mi interior donde está la esencia?

Me hablas de bondad y de generosidad.

¿No es el buen samaritano una excepción?


Silencio, pausa, meditación

Nerviosismo, intranquilidad y luego..

Sosiego, calma, paz


¿Por qué buscas fuera?

¿Qué te preocupa a ti lo que hacen los demás?

¿Te pido, acaso, que me cuentes cosas de otros?..

Me parece oír en el susurro de esa paz


Miro para mi,

Me concentro en mi persona,

Limito mis pensamientos,

Solo estoy yo


Y, TU.

Y, ahora lo entiendo:

Yo para los demás.