miércoles, 7 de abril de 2010

PASCUA, FIESTA DE LA VIDA



Pascua, es la fiesta de la vida.
Pascua, es una larga fiesta de 50 días.
Pascua, es la antítesis de la muerte.


Viva la Pascua
Viva la vida.


El Cardenal Antonio Cañizares, en un artículo que tomamos de La Razón, hace un canto a la pascua, a la resurrección y a la vida:


En el silencio de la cruz y del sepulcro, Dios ha dicho su palabra más plena y elocuente. En la cruz nos lo ha dicho todo. Y en la resurrección todo lo de Jesús, –lo que ha dicho y hecho–, ha quedado confirmado. ¡Dios no abandona al hombre para siempre! Dios que en Jesucristo se ha empeñado en favor del hombre, no lo deja ni lo dejará jamás en la estacada por muy sin salida que se encuentre.
El anuncio de la resurrección de Jesús es el verdadero fundamento de la esperanza de la humanidad. En efecto, si Cristo no hubiera resucitado, no sólo sería vana nuestra fe (Cf 1 Co 15,14), sino también nuestra esperanza, porque el mal y la muerte nos tendrían como rehenes. Sin embargo, con su muerte, Jesús ha quebrantado y vencido la férrea ley de la muerte, extirpando para siempre su raíz ponzoñosa.
Por mucho que tratemos de disimularlo, que nos lo ocultemos, particularmente en nuestros tiempos, la muerte es el mayor enigma de la vida. Si morimos para siempre, todo se lo habría tragado y aniquilado la muerte. No hay desilusión ni decepción que pueda medirse con la de la muerte. Ningún esfuerzo por la justicia o por mejorar la condición humana, ningún amor por feliz que sea, pueden sustraerse a la sombra que sobre ellas echa la muerte. En el fondo, la muerte lo deja todo sin valor y sin fuerza. Pero la ley universal de la muerte no es, aunque parezca lo contrario, el supremo poder sobre la tierra: La muerte no tiene la última palabra. Porque Dios está por la vida. Al resucitar a Jesucristo, ha sido vencida definitivamente la muerte.
Podemos fiarnos incondicionalmente de Dios en cualquier callejón sin salida. La resurrección de Jesús significa que Dios ha actuado, que interviene en la historia, que quiere y puede entrar en este mundo nuestro, en nuestra vida y en nuestra muerte. Ella nos da la certeza de que existe Dios y de que es Dios de los hombres: el Padre de Jesucristo. En Cristo, Dios, vida y amor, ha triunfado para siempre. La muerte, el odio, la violencia, la injusticia han quedado heridos de muerte de manera definitiva.
La resurrección de Jesucristo es la revelación suprema, la manifestación decisiva, la respuesta triunfadora a la pregunta sobre quién reina realmente, si el mal o el bien, el odio o el amor, la venganza o el perdón, la violencia o la paz, la libertad o la esclavitud, la vida o la muerte. El verdadero mensaje de la Pascua es: Dios existe. Y el que comienza a intuir qué significa esto, sabe qué significa ser salvado, sabe qué significa ser hombre en toda su densidad y verdad, en toda su hondura y en el gozo de ser esa criatura tan maravillosa que Dios ha querido, y como Él la ha querido y la quiere: llamada a la vida, vida plena, eterna, y dichosa, vida llena de amor, vida divina en el hombre. La resurrección de Jesucristo es la señal última y decisiva de la verdad de Jesucristo: verdad de Dios y verdad del hombre.Si Cristo no hubiese resucitado realmente, no habría tampoco esperanza verdadera y firme para el hombre: en el fondo, querría decir, nada más y nada menos, que el amor es inútil y vano, una promesa vacía e irrelevante; que no hay tribunal alguno y que no existe la justicia; que sólo cuenta el momento; que tienen razón los pícaros y los astutos, o los que no tienen conciencia.
Si Cristo no hubiese resucitado significaría que todo habría acabado con la pasión y el sufrimiento, con la violencia cruel e injusta sufrida, con el vacío de la muerte y la soledad del sepulcro, donde todo se corrompe. Pero de ahí no nacería la alegría de la salvación ni de la vida querida por Dios, sino la tristeza irremediable de que no puede triunfar el Amor y la Vida sobre el odio y la muerte.
La resurrección nos abre a la esperanza, nos alienta a ella, nos abre al futuro y señala caminos que nos conducen a él. El hombre no puede dejar de esperar, ni vivir resignado o satisfecho simplemente a lo que hay, a no ser que pague el precio de tanta muerte y miseria, es decir, de mutilarse en su humanidad. «La resurrección no es un fenómeno marginal de la fe cristiana, y mucho menos un desarrollo mitológico, que la fe hubiera tomado de la historia y del que más tarde haya podido deshacerse sin daño para su contenido: es su corazón, su centro» (R.Guardini). Perdida la fe y la esperanza en la resurrección, en efecto, todo quedaría reducido a los mitos de Sísifo –mero resignarse a lo que hay–, o de Prometeo –la prepotencia de la fuerza del hombre dejado a sí mismo–, o de Narciso –es decir, la autocomplacencia y el goce efímero egoísta y subjetivista–. Sin la esperanza que brota de la resurrección todo podría quedar reducido al cálculo del hombre y a los poderes de este mundo: todo podría valer con tal de alcanzar las metas siempre efímeras de nuestra tierra. Pero, ¡Cristo ha resucitado! En Él está la esperanza.
El cardenal Antonio Cañizares es prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

martes, 6 de abril de 2010

RESURRECCIÓN, DESDE LA FE



Por elementos históricos que se aporten -fundamentalmente el sepulcro vacío y el testimonio de quienes vieron a Cristo resucitado- lo esencial de la resurrección es la experiencia personal de fe. Sin ella, por mucho que se quiera razonar, se encontrarán argumentos para no entender o no acoger el gozo de la resurrección. Es un misterio. Que solo podemos entender desde la fe.
Pero más que nuestras palabras, pueden ilustrarnos las de San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia, relacionadas con el evangelio de hoy:
«Subo al Padre mío y Padre vuestro»
«Suéltame, que todavía no he subido al Padre». ¿Qué es lo que dice? Que se palpa mejor a Cristo a través de la fe que a través de la carne. Tocar a Cristo por la fe, es tocarle en toda verdad. Es lo que le sucedió a la mujer que sufría pérdidas de sangre: se acercó a Cristo, llena de fe, y tocó su vestidura... Y el Señor, apretujado por la multitud, no es tocado más que por esta mujer... porque creyó (Mc 5,25s).
Hoy, hermanos, Jesús está en el cielo. Cuando estaba entre sus discípulos, revestido de una carne visible y poseyendo un cuerpo palpable, se le podía ver, se le podía tocar. Pero hoy que está sentado a la derecha del Padre ¿quién de entre nosotros le puede tocar? Y sin embargo, somos unos desgraciados si no le tocamos. Todos los que creemos, le tocamos. Está en el cielo, está lejos, y las distancias que le separan de nosotros no son mesurables. Pero si crees, le tocas. ¿Qué digo? ¿Eres tú quien le toca? Si crees, tienes junto a ti a aquel en quien crees...
¿Queréis saber cómo es que María quería tocarle? Le buscaba muerto y no creía que debía resucitar: «¡Se han llevado a mi Señor del sepulcro!» (Jn 20,2). Llora a un hombre... «Suéltame, que todavía no he subido al Padre y en mí no ves más que un hombre. ¿Qué te da esta fe? Déjame subir al Padre. Nunca lo he dejado, pero subiré para ti si me crees igual al Padre». Nuestro Señor Jesucristo no dejó de estar con su Padre cuando descendió de junto a él. Y cuando desde nosotros subió a él nunca nos abandonó. Porque en el momento de subir y sentarse a derecha del Padre, tan lejos, dijo a sus discípulos: «Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

lunes, 5 de abril de 2010

RESURRECCIÓN, MOTIVO DE ESPERANZA


La Resurrección de Jesús es la razón de nuestra esperanza.
La fe en Cristo es un encuentro personal con Él.
Este encuentro da una nueva inspiración y abre un horizonte nuevo a la existencia.
La fe, la esperanza, la resurrección no son adhesiones intelectuales a verdades. Es algo más profundo y más íntimo.
¿Has experimentado el gozo de la resurrección?
¿Lo has intentado?
¿Quieres hacerlo?

domingo, 4 de abril de 2010

DOMINGO DE RESURRECCIÓN, DÍA DE LA ALEGRÍA

CRISTO HA RESUCITADO. FELIZ PASCUA.
No puede haber un acontecimiento mayor.
Nada es comparable a esto.
Es el sustento de nuestra fe.
El sepulcro está vacío: Cristo ya no está allí muerto.
Primero las mujeres y después los discípulos son testigos de la resurrección.
No hay palabras para describir el gran acontecomiento.
Cristo dijo que tenía que padecer y morir.
Pero que al tercer día resucitaría.
Hoy celebramos la gran noticia: Cristo ha resucitado.
Enhorabuena a todos los que tenemos fe en Cristo.
Y a todos FELICES PASCUAS.
El cirio que acompaña es la imagen del Cristo Resucitado.
Pero más que nuestras palabras para ensalzar esta fiesta que sean las de
Proclo de Constantinopla (hacia 390-446), obispo Sermón 14; PG 65, 796
«Día de gozo y de alegría» (sl 117,24)

¡Qué fiesta más bella la de Pascua! ¡Qué bella la asamblea! ¡Esta fiesta contiene en sí tantos misterios antiguos y nuevos! En esta semana de fiesta, o mejor de alegría, por toda la tierra los hombres se alegran e incluso las potestades del cielo se unen a nosotros para celebrar con gozo la resurrección del Señor. Exultan los ángeles y los arcángeles que esperan que el rey de los cielos, Cristo nuestro Dios, vuelva de la tierra vencedor; exultan los coros de los santos que proclaman a Cristo «el que fue engendrado antes de la aurora» (Sl 109,3). Exulta la tierra: la sangre de un Dios la ha lavado. Exulta el mar: el paso del Señor lo ha honrado. Que exulte todo hombre renacido del agua y del Espíritu; que exulte Adán, el primer hombre, liberado de la antigua maldición...
La resurrección de Cristo no sólo ha instaurado este día de fiesta, sino que en lugar del sufrimiento nos procura la salvación, en lugar de la muerte la inmortalidad, en lugar de las heridas la sanación, en lugar de la degradación la resurrección. En otro tiempo el misterio de Pascua se realizaba en Egipto según los ritos señalados por la Ley; el sacrificio del cordero no era más que un signo. Pero hoy celebramos, según el Evangelio, una pascua espiritual que es el día de la resurrección. Allí se inmolaba un cordero del rebaño...; aquí es Cristo en persona el que se ofrece como cordero de Dios. Allí, un animal del aprisco; aquí, no un cordero, sino el pastor, él mismo, el que da su vida por sus ovejas (Jn 10,11)... Allí, los hebreos atravesaron el mar Rojo y entonaron un himno de victoria en honor de su defensor: «Cantemos al Señor, sublime es su victoria» (Ex 15,1). Aquí, los que han sido considerados dignos del bautismo, cantan en su corazón el himno de victoria: «Uno solo es santo, un solo Dios, Jesucristo en la gloria de Dios Padre. Amén». Y el profeta exclama: «El Señor reina vestido de majestad» (Sl 92,1). Los hebreos atravesaron el desierto y comieron el maná. Hoy, al salir de las fuentes bautismales comen el pan bajado del cielo (Jn 6,51).

sábado, 3 de abril de 2010

SABADO SANTO, DÍA DEL DESCONCIERTO...Y LA ESPERANZA



JESUCRISTO, ha sido condenado y ha muerto en la cruz. Hemos sido testigos de ellos.
¿Y ahora qué?
¿Qué va a ser de nosotros sus seguidores?
¿No decía que era el Mesías, el Hijo de Dios?
Entonces ¿por qué su muerte tan atroz?
¿Ese es nuestro liberador?
¿Qué hacemos sin Él?
¿Cómo hemos seguido a alguien que ha acabado de esa forma tan brutal?
Estas pueden ser las reflexiones inmeditas tras la pasión y muerte de Jesús.
Pero, pero...
¿No nos dijo que era necesario que padeciera y muriera?
Y nos nos dijo también, que iba a resucitar.....
¿cómo va a ser eso?
¿qué es eso de la resurrección...?
Qué pena, qué tristeza.... Jesús se nos ha ido.... ¿esperamos algo?

viernes, 2 de abril de 2010

VIERNES SANTO, DÍA DE LA CRUZ Y DEL DOLOR




VIERNES SANTO,
¡cuánto dolor!
¡cuanto sufrimiento!
¡qué horror!
Dios, no hizo alarde de su condición, al contrario, se despojó de su rango y murió en la cruz.
Cristo molestaba a las autoridades judías porque no era esclavo de la ley. Vino a superar la ley y nos dejó el mandamiento del amor. Por eso los judíos, los religiosos del momento, lo mataron. Crucifícale, crucifícale... es el grito del pueblo, que sigue a sus autoridades religiosas.
Viernes santo, el día de le cruz... parece el día final... pero, aún sin comprenderlo cuando ocurrió, quedaba un hilo de esperanza.
La fotografía es de la procesión de Los Pasos que ha desfilado por las calles de la ciudad de León en esta mañana de viernes santo. Es el Cristo crucificado y muerto en la cruz. ¿Qué ha hecho para tener este final? ¿Final?... Nos queda la esperanza.......... en este tiempo de dolor.
Una persona amiga nos ha remitido el siguiente poema:
Eras inocente


Con una rúbrica maldita
sentenciaron tu vida y tu muerte.
Eras inocente.

Con un abrazo podrido
rompieron tu voz y tu libertad.
Eras inocente.

Te rodearon de verdugos,
de avispas envenenadas,
de preguntas insidiosas,
de gritos de cocodrilos hambrientos.
Eras inocente.

Te llevaron de aquí para allá,
para ver quien calumniaba más alto,
quien golpeaba más fuerte,
quién hería más adentro.
Eras inocente.

Se inventaron mil mentiras,
injuriaron tu osadía,
te asignaron cien delitos.
Eras inocente.

Se lavaron sus dos manos,
Te traicionaron tus amigos,
te escupieron,
te empujaron,
te arrastraron.
Eras inocente.

Compraron acusadores,
reventaron tus heridas,
tergiversaron tus palabras,
te cargaron un madero.
Eras inocente.

Te levantaron en una cruz pesada,
te clavaron con desprecio,
te dejaron desnudo.
Eras inocente.

Solo unas mujeres te siguieron.
Tu madre sabía la verdad.
Un soldado se ensañó contigo.
Tu amigo lloraba la maldad.
Eras inocente.

Gritaste ya sin voz.
Sacudiste sin fuerzas el dolor.
Por dentro te decías:
¿Dónde está mi Dios?


M.T.V

jueves, 1 de abril de 2010

JUEVES SANTO, DÍA DEL AMOR



JUEVES SANTOS, día del amor....
No hay nada más grande.....
Dios es amor.............
Los hombres somos imagen de Dios.....
El Jueves santo fue el día de la institución del sacerdocio y de la eucaristía. En este año sacerdotal (19 de junio 2009 a 19 de junio 2010) queremos homenajear a todos los sacerdotes. Para ello elegimos las palabras de San Juan-María Vianney (1786-1859), presbítero, párroco de Ars Sermón, patrono de los sacerdotes, para el Jueves Santo

«Los amó hasta el extremo»
¡Qué amor, qué caridad la de nuestro Señor Jesucristo al escoger la vigilia del día en que habían de hacerle morir para instituir un sacramento por el cual iba a quedarse entre nosotros, para ser nuestro Padre, nuestro Consolador y toda nuestra felicidad! Más felices somos nosotros que los que vivían en tiempo de su vida mortal en que él no estaba en un lugar fijo, en que era necesario desplazarse lejos para tener la dicha de verle; hoy le encontramos en todas los lugares del mundo, y esta dicha se me ha prometido ser realidad hasta que se acabe el mundo. ¡Oh amor inmenso de un Dios por sus criaturas!
No, nada puede hacerle parar cuando se trata de mostrarnos la grandeza de su amor. En este momento, dichoso para nosotros, toda Jerusalén está ardiendo, todo el populacho hecho una furia, todos conspiran su perdición, todos quieren se derrame su sangre adorable –y es precisamente en este momento- que él les prepara, igual que a nosotros, la prueba más inefable de su amor.